Y ahí estabamos.
Él creyendo iluminarme con el brillo del que de todo está de vuelta (“cuatro historias y en el bote”)
Ella, caritativa ofreciendo su cuerpo joven (“este nunca se las ha visto tan gordas”)
El favor era propio y no mutuo.

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2 Respuestas a “

  1. Precioso.
    Menos mal que los dos lo tenían claro.

  2. Carla, por Dios, ponte algo, que nos tienes agandonados.

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